Discapacidad intelectual y desarrollo

“Si una persona no tiene competencias para entender el entorno, el entorno ha de modificarse todo lo necesario”

Desde Plena inclusión consideramos que, con los apoyos apropiados, cada persona con discapacidad intelectual o del desarrollo puede llevar una vida plena.

La definición actual elimina las anteriores categorías  (ligero, moderado, severo y profundo) a favor de un nuevo modelo basado en los apoyos que requiere la persona:

  • Apoyo generalizado: se produce cuando la necesidad de apoyo es de forma constante y de alta intensidad. Por ejemplo: necesidad de uso silla de ruedas y no puede usarla por sí mismo.
  • Apoyo extenso: supone la necesidad de apoyo de forma regular o continua en algunos ámbitos y entornos. Por ejemplo: para ducharse correctamente.
  • Apoyo limitado: cuando se requiere de forma regular durante un periodo de tiempo corto pero definido. Por ejemplo: para ir de casa al nuevo trabajo.
  • Apoyo intermitente: la necesidad de apoyo es de forma esporádica. Por ejemplo: Al cambiar de lugar de residencia.

¿Y por qué el desarrollo?

Porque además de la discapacidad intelectual, la definición engloba a los trastornos del espectro de autismo, a la parálisis cerebral y otras condiciones de discapacidad relacionadas o que conllevan un proceso de apoyo similar al requerido para personas con discapacidad intelectual.

La definición se utiliza para las discapacidades que se originan en el tiempo del desarrollo; generalmente en los primeros 18 años de vida de la persona. Indica que existen limitaciones en áreas relevantes de la vida tales como el lenguaje, la movilidad, el aprendizaje, el autocuidado y la vida independiente.

Para Plena inclusión, englobar en su misión a las personas con discapacidades del desarrollo da fe de una realidad existente en el movimiento asociativo desde sus inicios, pues hay entidades que ofrecen apoyo a personas con trastornos del espectro de autismo o personas con parálisis cerebral, por ejemplo.

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